Franco Colapinto volvió a ser el centro de todas las miradas en la segunda salida de su exhibición, el piloto argentino protagonizó un momento cargado de historia al subirse al mítico Mercedes W196, la legendaria “Flecha de Plata” con la que Juan Manuel Fangio fue campeón del mundo en 1954 y 1955. 

El monoplaza, ícono de una era dorada de la Fórmula 1 por su innovador diseño aerodinámico, recorrió el circuito callejero en Palermo a un ritmo mucho más moderado que el del Lotus moderno. La decisión no fue casual: se trata de una pieza de colección invaluable, que exigió máxima precaución en cada movimiento. Aun así, el simple hecho de verlo en acción fue suficiente para emocionar a los fanáticos.

Antes de salir a pista, Colapinto compartió un momento especial junto a “Cacho”, uno de los hijos del “Chueco”, en una escena que reforzó el puente entre generaciones del automovilismo argentino. Para la ocasión, el piloto de Pilar no solo manejó el histórico vehículo, sino que también utilizó casco y gafas de época, sumando un detalle simbólico a una puesta en escena cargada de significado.

Lejos de buscar protagonismo desde la velocidad, Colapinto optó por un gesto distinto. En una de las rectas, detuvo el auto para acercarse al público y saludar a los miles de fanáticos que colmaron el circuito. Incluso tomó su celular para sacarse selfies y registrar el momento, en una postal que rápidamente se volvió viral y que reflejó la conexión con la gente.

La escena combinó pasado y presente en un mismo recorrido. Por un lado, la figura de Fangio y su legado imborrable; por el otro, un piloto joven que empieza a escribir su propia historia. En ese cruce, la “Flecha de Plata” dejó de ser solo una reliquia para convertirse en un símbolo vivo.

Más allá del espectáculo, la exhibición sumó un capítulo emotivo que difícilmente se repita: ver rodar por las calles de Buenos Aires al auto más emblemático del automovilismo argentino, conducido por una de sus grandes promesas actuales.